Tristes. La Canon EOS D350 que me acompañó a Cuba, cruzo el Sahara por Marruecos para llegar a Nuadibu y fotografiar el desierto, la que saco esas fotos a los niños de ojos negros y grandes, a los pescadores en Sri Lanka, la misma que me acompaño tanto días de soledad en Hamburgo, la que hizo las fotos en Oxford, mi cámara y con ellas las fotos del viaje a China... ha desaparecido.
O mas bien ha cambiado de manos. Soy imbécil. Lo se. Me confié. Y cuando iba a embarcar camino a Shanghai me di cuenta que no estaba. Soy imbécil. Lo se.
Me encanta hacer fotos. Mas de tres mil había hecho esta vez. Un exajerado, lo se. De eso que se libra alguien. Como también me librare del placer de ordenarlas, seleccionarlas, imprimirlas, colgarlas en el Facebook, y marear a mas de uno enseñando lo que " te prometo es una selección de las mejores". A falta del video de la boda, las fotos de un viaje son un buen sustitutivo.
Hoy la experiencia de viajar murió durante un rato, y con ella se fue mi camara... Lo dicho soy imbecil.
martes, 13 de julio de 2010
... de luto
domingo, 11 de julio de 2010
De vuelta de Kaili
Esta visto que los autobuses no son el transporte mas fiable de China. El segundo autobús no se ha roto, pero el conductor ya ha hecho puntos para esperar en la carretera. Ha habido un accidente unos metros delante de nosotros que ha bloqueado la autovia, así que la gente ha empezado a dar media vuelta y volver en contra dirección dos kilómetros hasta la primera salida disponible en la autovia (suena mas peligrosos de lo que es). Nuestro conductor también se ha unido a la caravana suicida. El problema es uqe cuando hemos llegado a la salida, ha vuelto a dar media vuelta. Si, eso es, directamente al atasco, aunque antes hemos tenido que esquivar dos camiones que iban abriendo la caravana suicida que llevábamos detrás. Conclusión, estamos en el atasco.

Ahora a esperar que a alguien se le ocurra una idea genial o que el accidente de adelante se desvanezca. Eso si al menos tenemos en el autobús una película china y aire acondicionado. Así que todos esperando, menos un señor que se ha ido, dentro del autobús.

Por ahora llevamos una hora, y dentro de menos de tres embarcamos, o no, camino a Guilin.
.... después de unas horas....
Ya tenemos las tarjetas de embarque. Llegamos a Guiyang después de cinco horas, la cuidad un caos debido a la lluvia. Aquí una foto de la salida de la estación de autobuses.

Y otra mas de camino al aeropuerto, en donde vimos muchas moto-taxis equipadas con paraguas para la lluvia, los paraguas con extensiones para que el pasajero tampoco se moje.

viernes, 9 de julio de 2010
Camino a Kaili
El autobús que cogimos en Guiyang a base de señas, pues aquí entienden el mismo ingles que nosotros chino, se ha parado.
Paramos hace media hora en mitad de la autovia a repostar agua de un rio. Pero parece que no ha sido suficiente. Hace un rato el conductor empezó a bajar una cuesta en punto muerto, para ahorrar gasolina me dije yo, hasta que paro al lado de un poste se SOS, que por cierto no hemos utilizado.
Eso si todos tranquilos que hay tres chinos con cigarros en la boca intentando arreglar el motor. Y a nosotros que se nos había dado bien la mañana...

Asi que algunos pasajeros decidieron, en nuestros ojos occidentales, arriesgar un poco mas de la cuenta y esperar en el borde de la autopista:

La idea, la comprendimos después, era ver si pasaba otro autobús camino a no se donde por que en este pais todo esta en chino... pararlo y montarse en el. Después de dos veces que sucedió esta operación los dos occidentales, rositas narizudos se percataron de la idea. A esas alturas medio pasaje de nuestro averiado autobús ya había encontrado alternativa.
Nosotros esperamos, esperamos un milagro el cual, todo sea dicho, sucedió en mas o menos media hora... En autobusero arreglo su autobús. O al menos lo medio arreglo, pues después de montarnos todos y conducir otros 10km el autobús se volvió a parar. Nosotros experimentados viajeros y sobre todo perezosos decidimos volver a confiar en el conductor y su habilidad para entender el motor del autobús. No nos defraudo, después de cuatro horas llegamos a nuestro, horrendo, destino con dos horas de retraso. Menos mal que allí cojimos un taxi para venir a donde estamos ahora, Xijiang, un pueblecito de montaña, de casa de madera, precioso que nos ha hecho olvidar el día y disfrutar de las vistas y los alrededores

Mañana, después de dos días con esta gente tan amable tenemos que hacer el destino a la inversa, la cuestión es que al final en vez unas vistas y gentes expectaculares, tenemos que cojer un avión que no espera... Pensemos que el autobús de vuelta este en mejor estado.
